lunes, 6 de febrero de 2012

Tarde de bañera y felicidad


Ganas de bañera con agua perfumada. Unas gotas de aceite aromatizado, la sal marina y el jabón. Pronto se ha formado un dedo de espuma teñida por la sal de color azul turquesa. Me descalzo. Y, mientras me miro detenidamente al espejo, mientras mis botones se escapan sin prisas uno a uno dejando mi camisa abierta por medio. Una franja de piel desnuda hasta el ombligo. La camisa se pierde a mi espalda con suavidad, descubriendo mi propio cuerpo como si fuera la primera vez.que me veía desnuda. Esta noche nos hemos de ver. No le he dicho que estoy más impaciente que nunca. Las horas se hacen largas, y aunque he intentado tenerlas ocupadas para que el reloj fuera más deprisa, nada de lo que he hecho ha podido evitar que pensara en cada minuto que faltaba para verle. Ya dentro del agua observo mis pezones asomandose duros y ansiosos como yo. Delizo mi mano dentro del agua buscando mi ombligo, recuerdo sus caricias delicadas, buscando el placer. Luego su lengua, más loca que ninguna que haya estado por allí. Repaso con las yemas de mis dedos cada rincon de mi sexo. Me encanta la sensación.
¿Porque nuestra lengua no llega hasta allí?
El espejo refleja un cuerpo que es el mío, que he visto crecer día tras día, pero esta noche me lo miro como si lo hiciera a través de sus ojos. Dejo caer la camisa por su propio peso, sintiéndose la resbalar piernas abajo hasta que ha quedado arrugada en el suelo. Con la mano acaricio mi brazo, subiendo lentamente hasta al hombro, oliendo me la piel. Mientras lo hago, sostengo la mirada serena. Estoy segura de que sus ojos estarán llenos de emociones por el deseo de tenerme.
Con la punta de los dedos dibujo dulcemente hasta llegar a los pechos, muy tierna. Imaginado que no soy yo quien lo hace.
Las manos han topado con las pequeñas bragas blancas transparentes. Las he cogido por los lados, retirado con suavidad para descubrir poco a poco lo que se esconde dentro. Una vez desnuda me miro un largo rato, contemplo con admiración mi propio cuerpo de curvas suaves.

Me sumergo en la bañera intentando no derramar agua. Está muy llena. Me estoy un largo rato. Pienso sólo en las próximas horas. De vez en cuando sonrío. Esta noche dejaré que me seduzca. Espero que me acaricie la piel, que se perdiera dentro de mí sin dejar de mirarme a los ojos.
Salgo del agua y me he liado con una esponjosa toalla. Tan sólo me he puesto unas bragas negras, pequeñas, transparentes y de tacto suave. No me quiero vestir. Estoy sentada frente al tocador, abro el cajón y cojo una cajita para contemplar lo que me regaló hace días: un collar de pequeñas perlas blancas que hermoso. Me lo pongo mirándome al espejo. La blancura destaca de mi piel. Abro el bote del perfume echando sólo unas gotas en el cuello y en la muñeca. Dice siempre que le encanta mi olor. Esta noche no puede faltar.
Me he escondido detrás de una apariencia tranquila, sin mostrar lo que se agita dentro de mí.

Mientras sueño despierta juego con las pequeñas perlas del collar, y de vez en cuando me miro al espejo como ya estuviera conmigo y me estuviera mirando Tengo prisa por verle, y el reloj ha sido arrastrando las horas lentamente hasta ahora. Suena el timbre de la puerta. Solos son unos segundos hasta que abra la puerta. Camino descalza poco a poco y, mientras me acerco voy encendiendo pequeñas velas consiguiendo una cálida intensidad de luces. Sobre la piel sólo llevo las braguitas negras de seda transparente y el collar que me regaló.

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